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Informacion acerca de violencia

¿Qué es violencia doméstica y/o familiar?

 

1. Definición de violencia doméstica y/o familiar

 Según el artículo 6 de la Ley 1674 existe una distinción entre la violencia familiar y doméstica. La primera se refiere a toda agresión cometida por los familiares, como ser: ascendientes, hermanos, parientes, civiles, o fines en línea directa o colateral, los tutores o encargados de la custodia. Sin embargo, la  violencia doméstica se considera a las agresiones cometidas entre  cónyuges, ex cónyuges,  conviviente, o ex convivientes o las personas que hubieran procreado hijos en común legalmente reconocidos o no, aunque no hubieran convivido.

2. Causa de la violencia

Las raíces de este tipo de violencia se encuentran asociados directamente a aspectos sociales, en especial a las relaciones históricamente desiguales entre hombres y mujeres y al tradicional desequilibrio de poder que fielmente ha existido entre ambos sexos. Este desequilibrio ésta construido sobre la base de una cultura patriarcal; éste sistema corresponde a la opresión del género que postula la superioridad del sexo masculino y que ha llevado a legitimar la dominación, subordinación o discriminación sistémica de la mujer, tanto en la esfera pública como en la privada.

Esto es un artificio, una construcción que aprendemos e incorporamos. Desde que la persona nace, existe una indiferente predisposición, percepción y atribución de características respecto al mismo bebé, según que éste sea presentado como niño o como niña. Cada uno de ellos adoptan y aprenden los roles de la masculinidad o femineidad, según les corresponda.

 3. Mitos o mandatos sobre la violencia

 Siguen subsistiendo ciertos mitos y creencias, originado por el sistema patriarcal, asumidas e interiorizadas de forma sutil y no crítica, que facilitan la normalización de esta violencia, favorecen su tolerancia y dificultan su visibilidad. Lo que sigue son algunos mitos más comunes asociados al maltrato, al maltratador y a la mujer que vive una relación de violencia.

 3.1. Mito: La violencia doméstica es el resultado del alcoholismo o de las drogas.

 Incorrecto: El abuso de esas substancias no ocasiona violencia doméstica, pero puede ser un factor que contribuya a ésta.  Los golpeadores  lo  harán  habiendo bebido o sobrios.  A menudo, el consumo de alcohol o drogas suele ser utilizado por el mal tratador como una excusa para justificar o no asumir la responsabilidad de su conducta.

 3.2. Mito: Si la mujer quiere, puede cambiar al mal tratador con su amor.

Incorrecto: No se puede cambiar al mal tratador ni dándole más amor, ni siendo más sumisa. Esta creencia deriva de algunos de los rasgos tradicionalmente atribuidos a lo femenino, que ensalzan el sacrificio, la comprensión y la responsabilización de la mujer en el mantenimiento de la armonía familiar. Sin embargo, el perdón o la tolerancia suelen producir una mayor percepción en el hombre de su impunidad, de su poder y su absoluto dominio sobre la mujer, alimentando progresivamente la espiral de violencia.

 3.3. Mito: Los casos de maltrato hacia la mujer se producen por una pérdida de control puntual del hombre.

 Incorrecto: La violencia no consiste  únicamente en conductas físicas, sino en toda una serie de intimidaciones, descalificaciones o actitudes amenazantes que, a menudo, se emplean de forma constante en la relación. Por otra parte, el hecho de que el mal tratador pueda controlarse en cualquier situación con otras personas, refleja lo selectivo de la violencia.

 4. Tipos de la violencia

 La violencia doméstica y/o familiar puede ejercerse de muchas y variadas maneras. La Ley 1674 distingue usualmente tres tipos:

4.1. Violencia Física: Es toda agresión ocasionado en el cuerpo por golpes, patadas, puñetes, quemaduras, pellizcos, mordeduras, jalones, heridas por arma corto punzante, de fuego, etc. 

4.2. Violencia Psicológica: Es toda conducta que perturbe o daña emocionalmente a la mujer, ya sea por hostigamiento verbal constante, amenazas, insultos, humillaciones, celos, comparaciones, etc.

4.3. Violencia Sexual: Es todo acto que mediante la intimidación o la fuerza obliga a una persona a tener relaciones sexuales, hacer actos no deseados, etc.

¿Existen otras formas de violencia?

a) Aislamiento, caracterizado por el control que ejerce el maltratador hacia la persona que vive una relación de violencia.

“Controla tus actividades a quién ves, con quién hablas, dónde vas. Te impide visitar a tus amistades y familiares o que te visiten. Esconde tus cosas, escucha tus conversaciones o no te deja salir sola”.

b) Abuso Económico: El maltratador no informa sobre los  ingresos familiares o impide que acceda a  ellos, cómo ser, el de conseguirse o mantenerse  en un trabajo. 

“No te deja trabajar fuera de casa. Te hace pedirle dinero para cada gasto. Te acusa de robarle dinero cuando no te da suficiente para los gastos”.

c) Privilegio Masculino: Esta forma de violencia, se caracteriza, porque el mal tratador actúa como el amo de la casa y la mujer es tratada como una sirvienta.

“Te trata como sirvienta, no participa en las tareas de la casa, ni en el cuidado de los hijos. Te hace que lo trates como “rey” en su reino”.

d) Intimidación: El maltratador intimida a la mujer, mediante miradas, acciones, gritos, chantajes y utilización de armas, con el objetivo de causarle temor y miedo.

“Te atemoriza con su mirada, con gestos, actos, gritos, rompiendo objetos; destruyendo tus cosas. Te bloquea la entrada o salida de la casa”.

“Te amenaza si le decís que piensas abandonarlo. Dice que te va a matar o herirte, o que él se va a suicidar. Amenaza con quitarte los hijos o la casa”.

 5. Ciclo de la violencia

El ciclo está compuesto de tres fases distintas, las cuales varían en duración e intensidad. Estas fases son: 1) la fase de aumento de tensión; 2) la explosión o el incidente agudo de agresión, mas conocido como la fase de crisis; y 3) el respiro lleno de calma y cariño, es decir, la fase de arrepentimiento.

1. La etapa de aumento de tensión (Fase 1).

 Esta fase suele estar caracterizada por dos situaciones:

 Durante esta primera situación, ocurre un incremento progresivo de tensión, irritabilidad, cambios repentinos del estado de ánimo que dan lugar a la aparición de los primeros incidentes menores de maltrato (reproches, gritos, miradas o gestos amenazantes, empujones y actitud hostil) por parte del hombre violento hacía la mujer. La segunda situación, está  dirigido  a la utilización de diferentes técnicas que la mujer utiliza, con el objetivo de manejar los incidentes para así poder calmar al agresor, la mujer tiende a comportarse de forma condescendiente, sumisa, anticipándole cada capricho.

 2. Etapa de crisis (Fase 2)

 Durante la fase dos, tanto el agresor como la mujer agredida aceptan completamente el hecho de que su ira está fuera de control. En la fase uno, el comportamiento agresivo, generalmente, había sido medido conscientemente por el agresor cuando él lo administraba, aunque él puede comenzar por justificarse a sí mismo por su comportamiento, el agresor termina sin comprender lo que pasó. Su rabia es tan grande que enceguece su control sobre su comportamiento. El comienza por querer enseñarle una lección a la mujer, sin ninguna intención de causarle ningún daño en particular y se detiene cuando siente que ella ha aprendido la lección. En este momento, sin embargo, ella generalmente ha sido gravemente golpeada y con frecuencia minimizará sus heridas.

 3. Etapa de arrepentimiento (Fase 3)

 La tercera fase sigue inmediatamente a la segunda y trae consigo un inusual período de calma. La tensión acumulada durante la fase uno y liberada en la fase dos han desaparecido. En esta fase, el agresor se comporta, constantemente, de manera encantador y cariñoso.

 Generalmente, se siente arrepentido de su acción en las fases previas y manifiesta su arrepentimiento a la mujer agredida. Suplica que lo perdone y le promete que no lo hará nunca más. El agresor, verdaderamente, cree que nunca más le hará daño a la mujer que ama cree que puede controlarse por sí solo de ahora en adelante. También cree que le ha enseñado a ella tal lección. Que ella nunca más se comportará de tal forma y, por lo tanto, él no estará tentado a golpearla. Lamentablemente, es en este periodo cuando es más difícil para la mujer tomar la decisión de dejar al agresor y sin embargo, es también en este momento cuando la mujer tiene  más contacto con personas que puedan ayudarla, ya que tienen más libertad para salir y mantener relaciones sociales.

 6. Características de la mujer que vive una relación de violencia y del hombre agresor

6.1. Características cognitivas de la Mujer

 La mujer que vive en una relación de violencia desarrolla ciertas características:

1. Se percibe a si misma como alguien que no tiene posibilidades de salir de la situación en la que se encuentra.

2. Tiende a presentar ideas de suicidio o de homicidio.

 3. Se percibe a si misma como inútil, tonta o loca, debido a las constantes repeticiones.

 4. Internalización de la culpa: la mujer tiende a sentirse responsable de la agresión y busca la causa en fallas de su comportamiento.

5. Actitud minimizadora de la violencia

6.2. Características conductuales de la Mujer

 La mujer suele adoptar dos tipos conductas; disociadas  y contradictorias. Esto primero se caracteriza por dos acontecimientos,  la mujer  oculta ante el entorno social su padecimiento en el contexto conyugal y en la esfera privada, oscila entre momentos en que adopta una conducta sumisa para no dar motivos para el maltrato y otros en los que expresa sus emociones contenidas. La segunda conducta alude a que la mujer manifiesta o publica el maltrato, mediante la denuncia legal, pero sin embargo,  retira dicha denuncia.

6.3. Características sociales de la Mujer

 La mujer que vive una relación de violencia por parte de su pareja, desarrolla ciertas conductas de aislamiento, es decir, se distancia de las posibles redes sociales de apoyo, inclusive de su propia familia de origen, se muestra huidiza, temerosa, pero que cualquier estimulo externo puede provocar en ella una reacción emocional. Esta conducta aumenta la dependencia del hombre violento y limita sus posibilidades de ayuda.

6.4. Características cognitivas del hombre

 El hombre utiliza una serie de mecanismos de defensa para argumentar los hechos,  los más comunes son:

 1. Negación: “Yo no he hecho nada. No la toqué “.

 2. Minimización:“Sólo la aparté para que me dejara en paz”.

 3. Racionalización: “A veces tengo que ser firme, pero sé controlarme en esas situaciones”.

 4. Proyección: “Toda la culpa es de ella, por que no para de provocarme”.

 5. Desviación: “El problema es que estoy sin trabajo”.

 6. Amnesia:“No puedo recordar si llegué a pegarle o no”.

 6.5. Características conductuales del hombre

De igual manera que la mujer, el hombre violento suele adoptar dos  modalidades de conductas disociadas; en el ámbito público se muestra como una persona equilibrada y en la mayoría de los casos, no anuncia en su conducta nada que haga pensar en actitudes violentas. En el ámbito privado, en cambio, se comporta de modo amenazante, utiliza agresiones verbales, y físicas. Su conducta se caracteriza por estar siempre a la defensiva por la posesividad respecto de su pareja.

7. Consecuencias de la relación violenta

 Según la OMS, en su Informe Mundial sobre Violencia y Salud (2002), han demostrado que la violencia física, psicológica o sexual, ejercida sobre una persona, causa en ésta una serie de repercusiones negativas, tanto para su salud física como psicológica, además de posibles consecuencias fatales.

7.1. Consecuencias Físicas o fatales

 La violencia experimentada por la mujer en una relación de pareja puede afectar a su salud física de diversos modos, como ser: hematomas u contusiones, heridas, fracturas, daño ocular. También algún tipo de enfermedad crónica como, por ejemplo, dolor crónico, osteoartritis o dolores de cabeza severos.

 7.2. Consecuencias Sexuales o reproductivas

Es relevante tener en cuenta que cuando la mujer experimenta acontecimientos repetitivos  de episodios sexuales de igual manera puede afectar a su salud, como ser: trastornos ginecológicos, disfunción sexual, inflamación de la pelvis, embarazos no deseados, complicaciones en el embarazo, aborto, infertilidad, y infecciones de trasmisión sexual.

 7.3. Consecuencias psicológicas

 El impacto psicológico de mujeres que viven una relación de violencia se incrementa debido a que los actos violentos se ejercen sobre ella de manera repetitiva e intermitente, constituyendo una amenaza continua y muchas veces percibida como incontrolable. Algunas de las consecuencias, son: sentimiento de inseguridad, vergüenza, culpa, baja autoestima, depresión, ansiedad, trastorno de estrés post-traumático, fobias o sentimientos de pánico, trastornos psicomáticos, trastorno alimentario y del sueño, abuso de alcohol y drogas, ideación o intentos de suicidio , síndrome de la mujer maltratada y aislamiento social.

 7.4. Consecuencias sobre los hijos

 El daño producido por experiencias de violencia en la familia representa un riesgo relevante para los hijos de esos hogares.El hecho de que los niños sean testigos de la violencia como el que, además, puedan ser víctimas de ella, conlleva toda una serie de repercusiones negativas en su bienestar, como ser: inadecuado desarrollo de la personalidad, sentimientos de inseguridad, desconfianza en el mundo y en las personas que lo rodean, sentimientos de indefensión (miedo o preocupación sobre la posibilidad de que la experiencia traumática pueda repetirse y el modelado de aprendizaje de conductas violentas dentro del hogar).

 

 

 

 

 

 

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