Miércoles 26 de febrero del 2020
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JOCHEO DE TORO

Los juegos con toros datan de muy antiguo. Excavaciones arqueológicas efectuadas en la capital del reino de Creta y anterior a la civilización griega, han dejado al descubierto varios grabados, algunos en vasos; en ellos se observa el juego con toros que se practicaba entre los cretences del período minoico (de Minos, rey de Creta, aunque parece que era un nombre común dado a los reyes de allí).

Los jóvenes de ambos sexos realizaban diversos juegos con los toros, a veces corriendo al encuentro del animal y saltando sobre él con una voltereta acrobática, apoyados en las manos. Mencionaremos que la moda consistía en una falda muy corta, con el busto descubierto: entre las mujeres los senos tampoco se cubrían. Otras veces el juego, más bien lucha, consistía en tomar al toro por los cuernos y derribarlo. Al parecer estos juegos, algo modificados, continuaron en Tesalía y Atica, regiones griegas, desde donde habrían pasado a Roma.

En el Coliseo romano se acostumbraba practicar esta lucha con toros grandes y fuertes, especie de toros salvajes Existe discrepancia, entre los entendidos, acerca de si el juego de toros pasó de Roma a España, con la extensión del Imperio, o si ya era una práctica corriente en Iberia, como afirman algunos estudiosos del tema, aunque los conocedores sostienen que el actual toro de lidia es español. Sea como fuere, es un hecho que el arte de torear se presenta en España desde los tiempos más remotos y está tan arraigado allí, que el toreo se ha convertido en la fiesta nacional española. En la Edad Media se acostumbraba a lancear al animal desde un caballo y el juego llegó incluso a gustar a los moros durante su ocupación de la península ibérica entre el 700 y el 1400.

Después apareció la actual forma de torear, con el torero, los redomadores, los picadores, mozos y demás que constituyen la cuadrilla. En esta forma el toreo llegó al continente americano teniendo entusiasta aceptación en Méjico, Perú, Colombia y Venezuela.

En los festejos que reciben el nombre de "sanfermines", realizados cada año en la ciudad de Pamplona (región de Navarro, España) para conmemorar el día de San Fermín, se utiliza otra clase de toreo, en las calles de la población, se efectúa con varios toros e interviene una multitud de personas. Estos festejos atraen gran cantidad de turistas, no solamente de España sino también de otros países, especialmente europeos.

El acto del cabildo de 1639, donde menciona "cuatro días de toros", nos dice explícitamente que el toreo llegó temprano a esta tierra. Es posible que por esa época se practicara el juego al estilo medieval, a caballo y con lanza. Indicaremos de paso que el poeta español Nicolás Fernández de Moratín (1737 -  1780) escribió un romance en que recoge la tradición de que el Cid Campeador, don Rodrigo Díaz de Vivar, lanceó toros en la plaza de Madrid, que por entonces era un castillo en poder de los moros; sin embargo, hay quienes dudan respecto a la veracidad del hecho.

De todas maneras, lo cierto es que ya en la primera mitad del siglo XVII en esta ciudad existía el toreo en festividades de carácter oficial y popular, ya sea de la manera indicada o a la usanza de los "sanfermines" de Pamplona. Nos inclinamos a creer que fuera según la última, tanto por el carácter de regocijo popular que tenía la llegada del gobernador Somoza Lozada como por haber perdurado en esa forma acá, donde por el alejamiento se han mantenido usos y costumbres de esa época sin mayor variación, tales como el lenguaje.

No conocemos mayormente, aunque debe de haberlos, documentos que mencionan sobre el toreo en Santa Cruz a lo largo de los dos y medio siglos que siguieron a mencionado en el acta del cabildo, hasta finalizar el siglo XIX. Ya en el presente, durante una época se practicó en esta ciudad, improvisando plazas de toros en terrenos particulares en la forma moderna. Pero la modalidad genero: tradicional, todavía en uso, es la de los "sanfermines", ya sea en plazas o calles de las poblaciones. El “Día de la Tradición", celebrado anualmente en las instalaciones de la Feria Exposición, presenta el "jocheo de toro" así como otros juegos populares tradicionales.

En barrios de la propia ciudad se procedía a cerrar una calle (como ocurría con lo primera cuadra de la actual calle Beni), donde los jóvenes más osados "jocheaban (provocaban) al toro, a veces con la propia camisa, o el sombrero. Esta costumbre aún subsiste en algunas poblaciones de provincias.

El verdadero toreo, en plazas especiales y con animales de lidia, es practicado por profesionales. La diversión popular, como su nombre lo indica, es para distracción del pueblo tomando parte activa. Por lo tanto no pueden esperarse lances con capa y muleta, menos el sacrificio de la bestia hundiéndole el estoque en el corazón.

Para empezar, no hay plaza a propósito; para esto sirve cualquier lugar cerrado, como una calle a la que se clausuran los extremos de una cuadra o menos, como se dijo antes, algo parecido a lo de Pamplona, donde para ello se habilita larga extensión de una calle. Tampoco son empleados toros bravíos, sino animales de menor edad que no signifiquen gran peligro, a cuya cola o los testículos se sujeta dinero, por lo general en una pequeña bolsa o envoltorio de tela, es el premio para el que logre quitárselo al toro.

El juego consiste en provocar (“Jochear”, en lenguaje vernáculo) a la bestia con un trapo, la propia camisa, llamando su atención, poniéndose en salvo ante la embestida; a veces uno hace esto mientras otro y otros tratan de hacerse con el botín.

Se cuento de forzudos mocetones que han derribado al toro, tomándolo por los cuernos. Como anécdota, esto fue realizado por don Roque Landívar hace años, en la localidad de Warnes, este don Roque, personaje reconocido y apreciado de la sociedad cruceña y con un siglo a cuestas al escribir estos apuntes, en su tiempo fue campeón nacional de boxeo, pretendiente de una joven que residiría la nombrada población, le correspondió estar allá realizarse una festividad local que incluía por supuesto, el "Jocheo". Con objeto  : impresionar a la damisela (de nombre Mera con quien posteriormente se casó) don Roque fincó sobre la cerca de protección y, escudándose con un totaí, asió por las astas al animal hasta lograr tenderlo sobre el suelo; la muchacha ni corta ni perezosa, obtuvo por ahí un filoso y agudo cuchillo que entregó al “matador" y que éste, sin pensarlo mucho hundió en el pecho del torete.

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